miércoles, noviembre 11, 2009
Azucar y al sobre
Querido Diario:
A pesar de mi mediana edad y mi vasta ex-periencia, no dejo de sorprenderme ante la enorme sabiduría que nos pueden enseñar las pequeñas cosas.
Presa aún de mi idilio peronista, recibí a las 16 horas de nuestra despedida primeriza el llamado de Juan Carlos, deseándome un buen día e ivitándome a tomar unos capos chinos a la media sombra de la media tarde. Obviamente acepté, no sin cambiarle el horario y el bebible, ya que es consejo de Madre no darle al hombre la rienda de la situación, pero hacerlo sentir que está tomando todas las decisiones, proponiendo nosotras sutiles cambios.
Extasiada ante la perspectiva de un nuevo encuentro, me sangullí a la búsqueda de un áutfit adecuado para una secunda cita. Algo clásico y moderno. Tras largas horas de ensigomismamiento, me decidí por una falda de 1/2 kilo -desgrasada- y blusón son sutiles transparencias y me senté a esperar, como quien pide medio kilo en Al-fredo.
Siendo las 17.33 en punto el tilinguear de la puerta de calle despertóme de mis polucionadas ensoñaciones diurnas. Alisé mis cabellos, miré hacia el infinito y más alla, y arrobada de ilusiones abrí el portón.
Enorme fue mi sorpresa cuando en vez de mi amado hallábanse ante mi cuatro muchachones de overól y mantecól. Evadamtemente mi gesto des-concierto era una respuesta esperada por ellos, que sin demostrar shock alguno se dispusieron a cantarme la Novena Serenata de Lanata, en sol sostenido. Mis ósculos enllenáronse de salinas lágrimas al tiempo que endetrás del palo borracho, la figura de un sonriente Juan Carlos se acercaba hacia mi figura.
Abracélo y raudamente partimos con destino incierto, por lo menos para mí. Juanca manejó brevemente su Ford Sierra bermellón, al tiempo que en silencio escuchábamos los hits románticos de Adrián y los Dados Negros.
Fue una tarde de ensueño. Caminamos tomados de las manos por Santos Lugares, lambimos helados de tiramelasú y hasta nos jugamos un picadito con los pibes del potrero. Antes de llegar a casa, nos tomamos un cafecito y cual designio divino, cual mensaje sabático en disco de Shusha, cual resultado del test de la "Cosmogólica" de enero, aquél ignorado sobrecito de azúcar previamente vertido en nuestras infusiones rezaba la siguiente gran verdad: "La vaca siempre se convierte en churrasco; el chancho en jamón; el caballo siempre se convierte en mortadela y el conejo en Playboy".
Es por ello que me sorprendo en la verdad encerrada en las pequeñas cosas que nos dejó un tiempo de Rosas, unitarios y federales. Estamos frente a mi puerta y me pregunto si finalmente tendré el coraje de abrir la puerta y dejar que entren a jugar...
domingo, noviembre 01, 2009
Hombre de hierro
Debo reconocer que en un principìo el temor se hizo carne en mi trémulo ser. Conociendo la tendencia de Madre de dejarse enamorar por hombres de bandezas enarbolar y armas tomar, la inminente llegada del candidato por ella elegido suscitó en mi esa sensación bien conocida de desasosiego a la cual le había perdido la costumbre dadas mis ultimas semanas de paz interior.
Aún así, quiebro una lanza x Madre, cuya estrategia de avisarme a ultimo momento no dejó en mi tiempo para elucubraciones ni miedos ni dúvidas. Apenas si pude depilarme el bozo y el cavado con la Blackandecker y cubrirme con lo primero que llamó mi atención del vestidor. Al tiempo que manotiaba el necesér en búsqueda de algun adminículo ravocador de facial, el tilingueo de la puerta de calle me hizo parar en seco. A tontas y a locas acomodé mi cabellera, inundé mis labios de glitter en cantidades industriales y cerrando los ojos e inspirando hondamente posé mi apendice manual derecho sobre Laport.
El aroma a Ol Spáis inundó mi ser y lo cacheteó hasta dejarlo aturdido. Juan Carlos hallábase de espaldas, su oscuro cabello al ras y las manos en los bolsillos de los Angelo Paolo. Al escuchar el quejido de la puerta, giró en reversa y puso primera. Los cálidos ojos, la sonrisa amplia y sin carencias de piezas dentales visibles, la poblada cejumbre y el tronco cubierto por una remera ostentando la cara del Pocho.. sobra decir que sin mediar palabra yo ya me encontraba dispuesta para la sublevación de mi ser todo, para la toma y el levantamiento, para que haga de mi una montonera mas al grito de "Peron Perón que grande sos...!!"
-Eva- comenzó a decirme. Su sonrisa ladeada por una cicatriz recien advertida por mí probablemente orgulloso botín de alguna truifulca sindicalista - Eva como la abanderada de los humildes. Presiento buenas cosas...
Yo también presentía. Y sentía. Fuimos a comer comida Somalí a un reducto muy chich de Palermo Gólico. Los platos eran bastante escasos pero su afrenta y rebeldía ante el pedido pizzero de mi madre y su total carencia de miedo ante la posibilidad de una batalla de gases lacrimógenos posterior terminaron de enamorarme. Como si algo faltara.
Hablamos largamente y nos dimos cuenta de nuestras coincidencias; ambos de capricornio, ambos vege-ovo-lactarianos; ambos miembros del culb de fans de Carozo y Narizota. Perfección pura. Cuando me quise dar cuenta, hallábame nuevamente en el umbral de mi casa, su mano en mi mejilla, kissing me goodnight. Y lo vi alejarse con la promesa de un llamado en breves horas.
Juan Carlos.. tu nombre me sabe a hierba "Cooperativa Patria y Trabajo". Echo chispas metalúrgicas. Por mis venas corre estaño líquido. Shamáme.
sábado, octubre 24, 2009
Mother Knows Best?
Querido Diario,
Esta mañana desperté de a subreptos debido al incesante tilinguear del teléfono móvil. Consecuencia de mi falta de comunicacion con el mundo exterior en las últimas semanas dada mi entera entrega al cuidado de los nignos, desconocía la locación del mismo por lo que su búsqueda requió del aguzado uso de mis sentidos olfa y auditivos.
La cadenciosa melodía de mi rínton favorito (un cover del puma Rodriguez de "La gente va llegando al baile" por Judas Priest) me guiaba ciegamente hacia el tualé. A tientas, encendí las luces y allí estaba, en el segundo estante entre las muestras gratis de Roviralta y la botella de Smurffnoff. Cogílo raudamente, no sea cosa que mi abrupto despertar y posterior búsqueda del tesoro hubieren sido al flato y contesté en un jadeante "Hola.. Diga...?"
Era Madre. Luego de la obvia y esperable reprimenda acerca de mi tardanza,el subsiguiente discurso sermonal respecto del ordem y progresso y sin mediar disculpa alguna por la tempranez del llamado o pregunta casual sobre mi estado actual, me esputuló aquello que viene carcomiendo mi mental ever since:
En fin nena, te llamaba para decirte que te arreglé algo para esta noche. Es un muchacho amoroso... Chsstt!! -chistido represor en respuesta a mi inminente yet aun no pronunciada queja- Se llama Juan Carlos y es hijo de un amigo de papá del sindicato. Sobra decir que tanto él como yo estamos encantados!!! Es un muchacho grandote, metalúrgico y proveniente de una familia argentina, blanca y peronista. Vas a ver que la vas a pasar bomba nena! Te pasa a buscar a las 8.30. Quedate tranquila que le dije que te lleve a alguna pizzería porque la comida exótica te da muchos gases. Depilate. Besitos!!!
Y sin más (y supongo que por una necesidad imperiosa de respirar ya que el discurso anterior fue pronunciado como siempre careciendo de pausas inspirales), me colgó.

